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Starchild proyect... Part 2

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Mensaje por GrAy_FoX el Sáb 22 Ene 2011, 1:20 pm

Resultados de análisis (1.999 – 2.003)
Pye indudablemente se apoya en el elevado número de estudios que han analizado el cráneo y que descartan la posibilidad de que todas las “extrañas anomalías” que en él se detectan sean malformaciones congénitas.
Especialistas como el Dr. Ted J. Robinson afirman que, las partes del cráneo, tienen una configuración natural, (ni han sido ensambladas de forma artificial ni maliciosa) como demuestran los análisis derivados de una minuciosa inspección física del cráneo en sí mismo, combinada con Rayos-X y técnicas avanzadas de Tomografía Axial Computerizada. (TAC). En términos generales, presenta los componentes básicos de un cráneo humano; es decir: (Un hueso frontal, dos esfenoides, dos temporales, dos parietales y un occipital). Sin embargo, esos huesos presentan una configuración y morfología, diferente a la que normalmente muestra un cráneo humano normal. Adicionalmente, sin perjuicio de lo anterior, presenta una configuración simétrica divergente a la humana, y su estructura ósea presenta un grosor, ligeramente inferior a la mitad del que corresponde a los huesos humanos. A diferencia de los cráneos humanos, presenta una configuración uniformemente abultada e en sus ejes y en todos los planos del eje craneal. Carece de las deformaciones asimétricas, tanto en el eje craneal como en el grosor óseo que caracterizan al cráneo humano. Así mismo, se descarta la hidrocefalia como explicación.
Prosigue el doctor asegurando que, la morfología de este cráneo es tan inusual, que jamás he visto nada semejante en mis 40 años de experiencia en cirugía reconstructiva plástica y craneofaciales. No sólo es único en mi opinión, sino que tras una minuciosa consulta de todas las anomalías craneofaciales , recogidas en todas y cada una de las publicaciones científicas de la historia mundial de anormalidades craneofaciales, no se ha presentado jamás, algún caso con el que pueda clasificarse o compararse.
Otras opiniones podrían ser por ejemplo las siguientes:
El Dr. David Hodges, radiólogo del Royal Columbia Hospital, New Westminster, destacó que las líneas de sutura estaban abiertas y creciendo en el momento del óbito. El Dr. David Sweet, era de la opinión de que se trataba de un niño de 5 a 6 años de edad, basándose en la dentición presente en el maxilar derecho. El Dr. John Bachynsky, por su parte, observó, que no había evidencias de erosión en la superficie interna del cráneo, circunstancia que descarta la hidrocefalia como diagnóstico, así que esta condición debe ser descartada como causa de las anomalías observadas en el cráneo. Aunque la hidrocefalia puede causar incremento de las líneas de sutura del cráneo, éstas se manifiestan de forma rugosa como consecuencia de la erosión de las paredes. En el presente caso no se dan. Así que se descarta la hidrocefalia. En este punto hay consenso por todos los expertos que han examinado el cráneo.
El Dr. Mike Kaburda llevó a cabo un examen especial con rayos X- tridimensionales capaces de medir ciertos puntos fijos que sirvieran de parámetro para posteriormente compararlos con los cráneos normales. De esta forma sus resultados fueron comparados con el análisis estadístico de 100 cráneos humanos. En el Cráneo se encontraron más de diez (10) desviaciones estándar respecto a la normalidad. Este es otro sólido indicio de que el cráneo en cuestión es algo completamente distinto a nada que se haya investigado con anterioridad. Los Doctores Tony Townsend y Huhg Parsons oftalmologos de Vancouver, examinaron las cavidades orbítales y concluyeron que el ser probablemente tuviera vista, pero si así fuese sus estructuras visuales se desviarían sustancialmente de lo normal en un humano. Las cavidades, presentaban una asombrosa simetría y su profundidad era un 50% inferior a la normal. El foramen óptico, que conduce el nervio óptico desde el cerebro a través del hueso orbital hasta el ojo, es casi una pulgada menor que en un cráneo humano normal. Además, los puntos de fijación de los músculos que controlan los movimientos de los globos oculares, no se apreciaban en la superficie interna de la órbita, lo que indica en lugar de un globo ocular, algún otro mecanismo, como hipótesis más probable. De hecho, si esas cuencas, albergaran globos oculares del tamaño normal, sobresaldrían como una protusión de la cara, creando severos riesgos de daño, durante la actividad cotidiana. Dado que los globos oculares, ocuparían una posición en la cara más baja que la normal y descansarían en cuencas, significativamente más reducidas, tanto en profundidad, como en la forma rectilínea del contorno, los ojos, tendrían que ser significativamente más reducidos en tamaño. En cualquier caso, con independencia de su tamaño, los párpados superiores requerían ser, tres o cuatro veces más grandes que los normales, para poder lubricar de la forma en la que los ojos humanos lo hacen.
Los Doctores David Hodges (del Royal Columbian Hospital, New Westminster) y Ken Poskitt (del Vancouver Children’s Hospital), encontraron la anormalidad, de que el cráneo era demasiado grande. Eso era imposible, de acuerdo con las normas de la lógica. La cuestión es que era imposible que un niño tuviera un cráneo con esas dimensiones. Algo impensable para la ciencia del momento, 1.600 cc, es decir, 200 cm cúbicos más que un adulto humano normal, era algo increíble para la ciencia. Un detallado análisis de su configuración craneal, evidencia que su madurez era la de un niño de 12 años. Su capacidad de aprendizaje era como la de un niño de 12 años si tuviera 6.
Y así, numerosos doctores han podido constatar a lo largo de estos últimos años sorprendentes conclusiones que han animado a Pye a mantener su hipótesis. Uno tras otro, los distintos estudios morfológicos y anatómicos del cráneo constatan evidencias como que, el cráneo carece de crestas. Sus bordes, son delgados, en vez de redondeados y no se parecen a los humanos. Los bordes son finos, algo que es bastante inusual, si tenemos en cuenta la casuística. Sus Mastoides son menores de lo normal, como lo son todos los puntos conectivos de la cara inferior (que se atribuyen a la coronoides, proceso condilar y de ensamblaje de la mandíbula que falta). Basándose en estas observaciones, su mandíbula inferior puede haber sido hasta un 50% más reducida de lo normal, pero aun así, desarrolla capacidades humanas de masticación e ingesta.
Indudablemente para Pye llegado el año 2.003, la naturaleza humana del cráneo está descartada, excepto de la verificación del ADN materno. (El ADN materno, está confirmado, la madre es humana). Tras seis intentos de recuperación del ADN de ambos progenitores, el ADN nuclear, no ha podido ser recuperado. La causa de la no recuperación está clara: El otro progenitor no es terrestre, no aparece información de ADN humano. No cabe duda, es un híbrido, pero aún así, Pye tendría que despejar la cualquier duda por mínima que fuese.

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Últimos resultados (2.010)
Los últimos resultados aportados por Pye han sido presentados en la web del Starchild Project en lengua española (http://elproyectostarchild.com/), donde se han recuperado los nuevos datos sobre el ADN nuclear que no pudieron recuperarse en 2.003. Cabe recordar que, en dicho año se realizó un tipo de análisis de ADN para recuperar el ADN mitocondrial del “Starchild”, el ADN que se encuentra fuera del núcleo de las células, el cual proviene de la madre y su línea genética. Esto vino a significar que su madre fue humana, pero no pudo recuperarse su ADN nuclear, el que proviene de ambos padres, lo que indicaba que su padre no fue humano.
Por fin se ha podido recuperar el ADN nuclear, logrando determinar claramente que un porcentaje del ADN extraído del hueso no es terrestre. Según Pye, un laboratorio especializado en genética cuyo nombre permanece en el anonimato por razones de seguridad, ha proporcionado datos muy concretos que afirman que tanto el ADN paterno como el materno podrían pertenecer a una raza alienígena, y que el ADN mitocondrial normal detectado pertenecería a una madre humana que solo realizó la función de “donar” un óvulo desnucleado, sin aportar ADN cromosómico, una técnica realizada hoy en día en laboratorios de avanzada tecnología.
A pesar del anonimato del laboratorio, los resultados han sido contrastados a la vez que incorporados a la base de datos del Nacional Institute of Health (NIH), (NIH; en español Institutos Nacionales de la Salud) que es el nombre de un grupo de instituciones del gobierno de los Estados Unidos cuyos objetivos se centran en la investigación médica. El grupo tiene sus oficinas centrales en Bethesda, Maryland.
Fundados en 1.887, los NIH representan hoy en día uno de los centros más grandes del mundo en investigación médica, y son el referente federal de los Estados Unidos en el ámbito de la salud. Comprenden un conjunto de 27 centros e institutos separados, y son, en conjunto, una de las ocho agencias del Servicio Público de Salud, que a su vez forma parte del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos. (Dirección web en español: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Esta base de datos con acceso público es la depositaria central de toda información genética que es generada por todos los genetistas en el mundo, cubriendo todos los organismos de la tierra, desde varios tipos de virus, bacterias, crustáceos y peces hasta todo tipo de animales y plantas, incluyendo a los primates, y cómo no, a los humanos.
Como no podía ser de otra manera el “stablishment offical” de la comunidad científica ha dado por completo la espalda a los datos aportados por los miembros de Starchild Project, que han comenzado a difundir masivamente por toda la red y en todos los idiomas un video que presenta los últimos resultados que confirman el origen extraterrestre del “Starchild”.
A la espera de la solución
Desde un punto lo más objetivo posible no se puede por menos que reconocer que, el tesón demostrado por Lloyd Pye es digno de alabanza, pero aún así queda un último paso, sin duda alguna de gran trascendencia, pues tanto si el “Starchild” es verdadero como si se tratara de un fraude muy bien elaborado, sería puesto inmediatamente de manifiesto en uno u otro sentido. ¿A qué paso nos referimos?
Tras darse a conocer estos últimos resultados el pasado mes de Marzo de 2.010, ha sido hecha publica la intención por parte de los integrantes del Starchild Project de proceder a efectuar el mapa completo del genoma del “Starchild”, para lo cual ya han empezado a recolectar fondos con los que financiar tan costoso trabajo.
¿Por qué Lloyd Pye estaría interesado en establecer el mapa del genoma del “Starchild” si todo fuera un simple fraude tal y como le acusan sus detractores? ¿Acaso no sería más rentable para él dilatar la polémica y obtener así más beneficios de su engaño?
En lo que todo el mundo está de acuerdo es que cuando el Starchild Project haya reunido la cantidad suficiente de dinero para financiar la elaboración del mapa y se proceda a su ejecución, en muy poco tiempo los resultados podrían significar el fin de la hipótesis de Pye y sus acólitos, pero…, también podría suceder todo lo contario, que dichos resultados supusieran una autentica patada a lo defendido hasta ahora por la ciencia oficial. Sería una prueba veraz e irrefutable de la intervención de seres extraterrestres en nuestra historia.
Llegados a esta situación, ¿qué creen ustedes que sucedería?, ¿admitirían los científicos más ortodoxos tal posibilidad?
No sabemos si Pye ha “ido de farol” o si conseguirá alguna vez los fondos necesarios para proceder a la creación del mapa y su posterior estudio. De momento solo podemos escribir sobre que se ha iniciado un nuevo periodo de espera. Ahora bien, sin ánimo de ser pesimista me gustaría recordar que hicieron falta 14 años de trabajo para obtener el primer mapa del genoma humano, el mayor descubrimiento del siglo XX (la presentación oficial del primer borrador completo del genoma humano se presentó el 26 de junio de 2.000) que demostró entre otras muchas cosas que el hombre sólo tiene 30.000 genes: la tercera parte de lo que se estimaba inicialmente y tan sólo el doble de organismos tan simples como la mosca del vinagre.
Para alcanzar estos resultados fueron necesarios más de diez años de trabajo de un millar de científicos de EE UU, Reino Unido, Japón, Francia, Alemania y China, y un presupuesto de casi 2.000 millones de dólares, y sin embargo, harán falta varias décadas para entender la información que encierra cada uno de los 30.000 genes localizados.
Desde aquí, nuestro más sincero deseo de éxito para el proyecto de Pye. El tratar de establecer la verdad debería ser el objetibo único y principal de todos aquellos que trabajan para la ciencia. Independientemente de cual sea el resultado final de toda esta historia, ha quedado de manifiesto quienes están por ésta labor y quienes, llenos de prejuicios, han dificultado en todo momento el arrojar algo de luz a nuestro conocimiento. Por si mismo y aparcando a un lado cualquier hipótesis, el “Starchild” es toda una joya para la ciencia, siendo merecedor de la máxima atención y estudio.
“La ignorancia afirma o niega rotundamente, la ciencia…, duda” (Voltaire)
Dicho esto, saquen ustedes sus propias conclusiones.

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